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IUCN Red List — Vulnerable

Geco de casco
Tarentola chazaliae (Mocquard, 1895)

Por Juan Pablo González de la Vega

Actualizado: 10/01/2014

Tarentola chazaliae

Adulto. El Aaiún. Foto: © Juan Pablo González de la Vega

Mapa de distribución de Tarentola chazaliae

  Tarentola chazaliae

Mapa de distribución de
Tarentola chazaliae
en Marruecos.


Galería multimedia: 26 fotografías. [ENTRAR]


Para citar esta página:
Juan Pablo González de la Vega: Tarentola chazaliae (Mocquard, 1895) en Marruecos y Sahara Occidental.
Disponible en www.moroccoherps.com/ficha/Tarentola_chazaliae/. Consulta realizada el 22 de agosto de 2014.

Para citar www.morocoherps.com en su conjunto:
Anfibios y Reptiles de Marruecos y Sahara Occidental.
Disponible en www.moroccoherps.com. Consulta realizada el 22 de agosto de 2014.


Taxonomía

El geco o salamanquesa de casco, Tarentola chazaliae, hasta hace escasos años único representante del género Geckonia, está incluido hoy día como una especie más del género Tarentola merced a los resultados obtenidos al analizar genes nucleares y mitocondriales (Carranza et al., 2002). Del mismo modo estos análisis la emparentan más con las cercanas salamanquesas de las Islas Canarias que con el resto de los gecos africanos, lo que hace pensar en una posible y antigua colonización desde las vecinas islas.

Especie descrita en 1895 por M. F. Mocquard en base a un ejemplar enviado al laboratorio de Herpetología del Museo de Historia Natural de Paris, capturado junto a otros reptiles por el Conde de Dalmas en Cap Blanc, en la frontera con Mauritania, bajo una piedra y a unos 20 Km hacia el interior. Mocquard nombró a la especie como chazaliae en honor al nombre del yate del Conde de Dalmas, por expreso deseo de este último (Mocquard, 1895).

Descripción

Se trata de un saurio terrestre muy característico e inconfundible de unos 10 cm de longitud total, con la cabeza exageradamente diferenciada del resto del cuerpo. Por el tamaño de esta y por la presencia de una serie de escamas y formaciones óseas que adornan la parte superior de los ojos, y que en su conjunto toman la forma de casco, recibe el nombre común por el que le se conoce. Todo ello le confiere a este singular geco la apariencia de un animal antediluviano, e incluso nos recuerda a las grotescas gárgolas de las catedrales góticas.

La cabeza es desproporcionada con respecto al resto del cuerpo. Los ojos son grandes y de pupila vertical, lo que nos indica que es una especie de costumbres nocturnas. Los orificios nasales son de pequeño tamaño, mientras que los oídos se encuentran estratégicamente parapetados por la parte posterior del “casco”. Los individuos juveniles y recién nacidos son similares a los adultos en coloración y forma, pero a diferencia de estos, el casco no es tan patente. Estudios llevados a cabo sobre la visión de los gecos demuestran que con muy poca luz, esta especie tiene visión en color y es capaz de distinguir perfectamente los colores azul, verde y ultravioleta (Roth y Kelber, 2004).

Tarentola chazaliae

Adultos y juveniles son muy similares pero con el casco menos patente.
Tan Tan-Tarfaya. Foto: © Gabri Mtnez.

Las extremidades son robustas, de forma tubular, y terminadas en cinco dedos. Bajo estos, presenta las papilas adhesivas típicas del género Tarentola pero ya con cierto grado de degeneración por el uso prácticamente nulo que hace de las mismas, de forma que no es capaz de desplazarse por superficies completamente lisas con la soltura con que lo hacen las otras especies del género Tarentola. Presenta uñas en el tercer y cuarto dedos de cada extremidad. Cuando están en reposo y especialmente durante la locomoción, posicionan el quinto dedo de las extremidades en una postura exageradamente atrasada y muy característica de la especie.

Tarentola chazaliae Tarentola chazaliae

Diferencias en las laminillas subdigitales. Izquierda Tarentola chazaliae. Derecha Tarentola mauritanica. Fotos: © Juan Pablo González de la Vega.

El color de fondo es variable, pudiéndolo cambiar a voluntad en función del substrato sobre el que se encuentre, el estado anímico, si es de día o de noche, etc., pero siempre dentro de los tonos marrones, crema, gris e incluso blanquecino, y que básicamente le sirven para camuflarse y poder pasar en la mayoría de los casos totalmente desapercibido ante nuestra mirada o la de sus depredadores. Sobre el color de fondo imperante, presenta una serie de máculas de color más claro que se alinean más o menos irregulares y paralelas a ambos lados del cuerpo. Otras veces, presenta una serie de manchas u ocelos de color más oscuro en los costados y/o manchas de color blanquecino que le recorren el cuerpo dorsalmente. Los individuos observados en el Sur de su distribución, parecen presentar una coloración mucho más clara y uniforme. El vientre siempre es de color mucho más claro que el resto del cuerpo, blanquecino o crema y en algunos casos, salpicado por pequeñas máculas oscuras. No presenta línea ventral.

Las tallas máximas son de hasta 100 mm (Le Berre, 1989; Schleich et al., 1996). Datos biométricos llevados a cabo en ejemplares de las poblaciones del Norte de su distribución, demostraron tallas superiores a los 100 mm. De tal suerte se pudieron medir ejemplares de hasta 112 mm de LT. Las hembras son las que alcanzan las tallas mayores y tienen la cola más corta. Esta es de aproximadamente un 40% para los machos y de hasta un 37,5% para las hembras. (J. P. González de la Vega, datos inéditos). La cola cuando resulta amputada por cualquier causa siempre lo hace por la base de la misma y puede ser regenerada sin problema alguno.

Ecología y hábitos

Es un reptil de costumbres eminentemente crepusculares y nocturnas, aunque a veces se le puede ver activo durante el día. De movimientos lentos y muy característicos, seguidos de otros que podríamos definir como cortas pero rápidas carreras, bien para acceder al alimento en forma de pequeños insectos, bien para huir de un posible enemigo, o simplemente para guarecerse en un nuevo escondite.

A menudo se le puede ver inmóvil, totalmente mimetizado con el terreno y con el cuerpo aplanado ventralmente recibiendo el calor emanado por las rocas del lugar o simplemente por el substrato arenoso existente. Al ser capturado o simplemente al sentirse amenazado, es capaz de emitir sonidos perfectamente audibles y en forma de ladridos, a la vez que abre desmesuradamente la boca. Pasa el día escondido en pequeñas galerías confeccionadas por el mismo, aprovechando las grietas o accidentes del terreno o simplemente bajo rocas, piedras o cualquier objeto existente en la zona que habite (ha sido encontrado al levantar escombros, plásticos o en general cualquier resto abandonado por las personas). Cuando está en reposo o se encuentra escondido en su guarida, mantiene la cola doblada y pegada al cuerpo.

Tarentola chazaliae

Al verse amenazado puede llegar a emitir sonidos perfectamente audibles y abrir la boca.
El Ouatia. Foto: © Juan Pablo González de la Vega.

Al sentirse descubierto, permanece totalmente inmóvil, mimetizándose con el terreno para no ser visto. Permite el acercamiento del enemigo o el nuestro hasta muy cerca, cuando él cree que puede estar en peligro emprende una muy veloz huida hasta su galería o se esconde simplemente entre la vegetación o rocas existentes en el lugar. Por lo general vive siempre al amparo de la vegetación rala existente en el hábitat que ocupa, llevando a cabo incursiones a zonas menos pobladas de vegetación, bien en busca de alimento, bien para la búsqueda de pareja durante la época de la reproducción o simplemente para expulsar a sus congéneres del mismo sexo que se atrevan a ocupar su territorio. Es un auténtico especialista en la vida entre las dunas costeras, hábitat que prefiere especialmente y que además es el único que habita.

La alimentación es eminentemente insectívora, capturando todo tipo de insectos con la sola condición de que les quepa en la boca: coleópteros, arácnidos, ortópteros, lepidópteros, himenópteros, formícidos, etc. (Schleich et al., 1996). Análisis de excrementos defecados por ejemplares recién capturados, revelaron la existencia de formícidos en un elevado porcentaje, lo que nos indica que este grupo de animales son la base de su alimentación, al menos en determinadas épocas del año (J. P. González de la Vega, obs. pers).

Para alimentarse prefiere cazar al acecho, esperando a que la presa se acerque o pase cerca de él o que use su mismo escondite, a estar deambulando por las cercanías de su territorio en busca de las mismas; aunque ello dependerá por supuesto de la abundancia de las presas a consumir, esto conlleva que a veces se les pueda observar alimentándose a primeras horas de la mañana, lo que indicaría que durante la noche no consiguieron suficientes presas.

Las hembras son las que alcanzan las tallas mayores, mientras que los machos tienen la cola más larga y presentan el típico abultamiento en la base de la misma que denota la presencia de los hemipenes, especialmente durante la reproducción.

Tarentola chazaliae

Diferencias sexuales. A la izquierda el macho, nótese los abultamientos de los hemipenes.
El Ouatia. Foto: © Juan Pablo González de la Vega.

El celo se extiende entre los meses de Marzo y Julio. Durante este tiempo los machos se vuelven especialmente agresivos y no permiten la entrada de sus congéneres del mismo sexo en el territorio que ocupan, expulsándolos sin miramiento alguno, e incluso propinándoles fuertes mordiscos. Para la cópula mantiene agarrada a la hembra mediante un mordisco en el cuello. Pueden depositar hasta un total de 5 puestas de entre uno y, más a menudo, dos huevos. Estos son depositados bajo piedras o simplemente excavando una pequeña galería al amparo de las plantas existentes en el lugar.

En las zonas en las que la presencia humana es más patente, se pueden encontrar puestas al levantar basuras, escombros, y en general cualquier desecho humano existente en la zona. Las medidas de los huevos son de entre 13 a 15 x 10 a 11 mm. Tras un tiempo de incubación que varia entre 47 y 61 días nacen los pequeños con una talla de entre 37 y 40 mm de LT (Schleich et al., 1996). La madurez sexual la alcanzan al año aproximado de vida.

Tarentola chazaliae Tarentola chazaliae

Puesta hallada bajo escombros y momento de la eclosión. El Ouatia. Fotos: © Juan Pablo González de la Vega.

Como depredadores para la especie se cita Psammophis schokari (Schleich et al., 1996). El tamaño de la especie, y especialmente el de los juveniles y recién nacidos hace pensar que podrían ser presa fácil para escorpiones y arácnidos, especies que comparten el mismo hábitat. En Agosto de 2009, fue hallado bajo una piedra un arácnido del género Eusparassus sobre el cadáver de un juvenil de la especie (G. Martínez del Mármol y R. León Vigara, com.pers.).

Distribución, hábitat y abundancia en el área de estudio

Es un endemismo de la costa atlántica desde Marruecos hasta determinadas zonas de Mauritania. Su distribución está ligada a las dunas costeras y los ambientes húmedos y salinos de la costa. Excepto el caso de un ejemplar hallado a 50 Km hacia el interior, no se separa de la franja de 5 Km paralelos a la costa (Le Berre, 1989; Bons y Geniez, 1996; Schleich et al., 1996; Geniez et al., 2004 ; Sindako y Jeremcenko, 2008).

Hábitat de Tarentola chazaliae

Hábitat de Tarentola chazaliae. Tiznit (Marruecos). Foto: © Octavio Jiménez Robles.

Hábitat de Tarentola chazaliae

Hábitat de Tarentola chazaliae. El Ouatia (Marruecos). Foto: © Juan Pablo González de la Vega.

Hábitat de Tarentola chazaliae

Hábitat de Tarentola chazaliae. El Aaiún (Sahara Occidental). Foto: © Juan Pablo González de la Vega.

Es una especie común y abundante en el área de distribución que ocupa. Hasta la fecha, no se conocen problemas específicos para esta especie, afectada puntualmente por la caída a los aljibes existentes en la zona, por los atropellos a los que puedan ser objeto, o por el cambio que llegue a sufrir el hábitat al ser transformado en urbanizaciones costeras y demás construcciones veraniegas.

Tarentola chazaliae

Como para la mayoría de los herpetos, su mayor enemigo es el tráfico rodado. Adulto atropellado. Ctra.
Tan Tan-Guelmim. Foto: © Juan Pablo González de la Vega.

El estado de conservación en la zona y a nivel mundial es de “Preocupación Menor” (LR-lc; Geniez et al., 2004).

Bibliografía:

  • Bons, J. y Geniez, P. 1996. Anfibios y Reptiles de Marruecos. Asociación Herpetológica Española, Barcelona. 319 pp.
  • Carranza, S., Arnold, E. N., Mateo, J. A. y Geniez, P. 2002. Relationships and evolution of the North African geckos, Geckonia and Tarentola (Reptilia: Geckonidae), base don mitocondrial and nuclear DNA sequences. Molecular Phylogenetics and Evolution 23 (2002) 244-256.
  • Geniez, P.; Mateo, J.A.; Geniez, M. y Pether, J. 2004. The amphibians and reptiles of the Western Sahara. Edition Chimaira, Frankfurt, 228 pp.
  • Le Berre, M. 1989. Faune du Sahara. I. Poissons-Amphibiens-Reptiles. Lechevalier-R. Chabanaud, Paris, 332 pp.
  • Mocquard, F. 1895. Note sur quelques reptiles du Cap Blanc. Bulletin du Museún d¨Histoire Naturelle, Paris, 1 : 310-312.
  • Roth, L.S.V. y Kelber, A. 2004. Nocturnal colour vision in geckos. Proc. R. Soc. Lond. B (Suppl.) 271, S485-S487. The Royal Society.
  • Schleich, H. H., Kästle, W. y Kabisch, K. 1996. Amphibians and Reptiles of North Africa. Koeltz Sci. Books, Koenigstein. 630 pp.
  • Sindaco, R. y Jeremcenko, V. K. 2008. The reptiles of the Western Paleartic. Edizioni Belvedere. Latina (Italy). 579 pp.

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